Este fenómeno de inserción de nuevas instituciones participativas en las cuestionadas democracias representativas latinoamericanas, abre el debate para abordar el problema que se genera a raíz de los vínculos y la convivencia que se produce entre los nuevos mecanismos de democracia participativa con los tradicionales mecanismos de democracia representativa, para ver si éstos están siendo sustituidos, reemplazados, complementados o subordinados. En este sentido, resulta relevante analizar, por ejemplo, cómo las iniciativas de democracia participativa han logrado rediseñar las instituciones representativas en el marco de la reconfiguración del Estado, o por el contrario, no logran terminar su trayectoria institucional y finalmente se ven subordinadas a las segundas. En relación a este punto, la discusión encuentra consenso en que el problema no es discutir una exclusión o sustitución de la democracia representativa por la democracia participativa, sino que fundamentalmente la problemática de análisis estaría dada por buscar la forma de llegar a una complementariedad de ambas. El objetivo de esta complementariedad sería provocar una mayor incidencia y presencia de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones, de tal forma que efectivamente ambas modalidades de participación sean sistemas complementarios y no excluyentes entre sí. Chile debe avanzar hacia esta complementariedad, pero para ello debe superar previamente una serie de clivajes políticos e institucionales, pero por sobre todo, debemos superar clivajes culturales, especialmente “autoritarismos mentales” que obstaculizan esta complementariedad en nuestra joven democracia.
DEMOCRACIA REPRESENTATIVA Y PARTICIPATIVA ¿VERSUS O COMPLEMENTO?
Este fenómeno de inserción de nuevas instituciones participativas en las cuestionadas democracias representativas latinoamericanas, abre el debate para abordar el problema que se genera a raíz de los vínculos y la convivencia que se produce entre los nuevos mecanismos de democracia participativa con los tradicionales mecanismos de democracia representativa, para ver si éstos están siendo sustituidos, reemplazados, complementados o subordinados. En este sentido, resulta relevante analizar, por ejemplo, cómo las iniciativas de democracia participativa han logrado rediseñar las instituciones representativas en el marco de la reconfiguración del Estado, o por el contrario, no logran terminar su trayectoria institucional y finalmente se ven subordinadas a las segundas. En relación a este punto, la discusión encuentra consenso en que el problema no es discutir una exclusión o sustitución de la democracia representativa por la democracia participativa, sino que fundamentalmente la problemática de análisis estaría dada por buscar la forma de llegar a una complementariedad de ambas. El objetivo de esta complementariedad sería provocar una mayor incidencia y presencia de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones, de tal forma que efectivamente ambas modalidades de participación sean sistemas complementarios y no excluyentes entre sí. Chile debe avanzar hacia esta complementariedad, pero para ello debe superar previamente una serie de clivajes políticos e institucionales, pero por sobre todo, debemos superar clivajes culturales, especialmente “autoritarismos mentales” que obstaculizan esta complementariedad en nuestra joven democracia.
DESCENTRALIZACIÓN HIPÓCRITA (II)
Columna de opinión Diario Austral Osorno publicada el 15 de febero del 2008
He revisado ligeramente en algunos distritos y circunscripciones de mi país la relación entre partido político de diputados y gobernadores y me surge una pregunta razonable, ¿usted cree que los gobernadores, intendentes y seremis son realmente de confianza exclusiva de la Presidencia de la República? La legislación chilena indica que las autoridades políticas regionales, con excepción de alcaldes y parlamentarios, serán designados y gozarán de la confianza del o la Presidente (a) de la República de turno. Al respecto el año pasado en el congreso de Sinergia Regional desarrollado en Concepción, Juan Carlos Ferrada académico de la Universidad Austral de Chile, planteó que la descentralización en Chile se ha "parlamentarizado". En completo acuerdo con sus palabras, creo que con la actual descentralización los parlamentarios (senadores y diputados) han adquirido una importancia fundamental a la hora de "designar cargos" en las regiones y se han transformado en jugadores de veto al momento de que la Presidenta pueda "libremente" decidir quién es el mejor representante de ella en la región y provincia. Es decir, ya no son sólo los partidos políticos los actores que influyen en esas decisiones (que me parece legítimo que influyan cuando hay gobierno de coalición) sino que también son estos otros actores. Pues bien, eso que dice la ley, que estas autoridades serán de "confianza exclusiva" de la Presidenta, cada día me parece más dudoso. ¿Por qué no sincerarnos y plantear derechamente que intendentes, gobernadores y seremis, además de gozar del beneplácito de la Presidenta, deben ser personas de confianza de los parlamentarios, de los partidos políticos regionales y del partido a nivel nacional? Lo que está claro es que las autoridades designadas no necesariamente deben ser personas de "confianza de los ciudadanos". Lo que en mi concepto me parece más grave es que me he encontrado en muchas ocasiones con que estas autoridades políticas designadas no reflejan fielmente el espíritu del gobierno de turno, eso es un indicador de que a muchas de estas personas la Mandataria ni siquiera las conoce. Por ejemplo, esta Presidenta ha valorado de sobremanera la participación ciudadana en su gestión, con los riesgos que esto trae implícito, pero aun así, muchas de sus personas de confianza no quieren entender, o definitivamente no logran entender qué significa en su gestión el sello "ciudadano", no logran imaginar nuevos mecanismos de inclusión ciudadana, finalmente, no logran diferenciar a esta gestión de las anteriores. Este espacio de influencia que se han ganado los parlamentarios en la designación de autoridades regionales, hace que ellos sean percibidos por la ciudadanía no sólo como legisladores, sino también como algo más. ¿Cómo transparentar la designación de estos cargos y ubicar en su justo rol a los parlamentarios? Si no se logra aislar la decisión presidencial de la influencia de otros actores políticos que no sean los partidos, la alternativa más seria me parece que es la elección democrática, por lo menos de intendentes y gobernadores. De lo contrario, seguiremos constatando que distritos y jurisdicciones, junto con gobernaciones e intendencias, son territorios con marca registrada, donde es frecuente escuchar… "no te metas allí, porque eso es territorio de fulano o sultano..".
DESCENTRALIZACIÓN HIPÓCRITA (I)
La descentralización en Chile está regida fundamentalmente por la ley de Municipalidades y la ley de Gobiernos Regionales, las que producen lo siguiente en el nivel local: a los municipios se les permite elegir democráticamente a sus autoridades y se les entregan muchas tareas pero con escasos recursos fiscales. A los gobiernos regionales no se les permite elegir democráticamente a sus autoridades, pero se les entregan mayores recursos fiscales y la potestad para decidir el destino comunal de muchos de esos recursos. En definitiva, la plata no está en los municipios, la plata para financiar proyectos está en las regiones o en los ministerios, cuestión que obliga a los alcaldes a buscar y "cazar" recursos fiscales. Lo curioso de la descentralización es que en la letra promueve fortalecer la participación ciudadana y la planificación democrática en el nivel regional y local, pero en ningún lado establece cuáles son los incentivos fiscales para los municipios que hacen todo ello. Es por eso que en la práctica para la descentralización da lo mismo lo que piense la gente respecto a las prioridades comunales, ya que, ¿dónde están establecidos los dineros fiscales asociados a participación y planificación democrática? Esto se ratifica con un estudio finalizado en el Centro de Estudios Regionales el año 2007, donde la valoración que le otorgan los municipios al Pladeco y al Cesco es casi nula. Como contrapartida, los alcaldes le otorgan una alta valoración al lobby político ("contactos regionales o nacionales") para conseguir proyectos comunales. La principal conclusión a la cual se llega con este estudio es que el modelo de descentralización chileno es "hipócrita", ya que mientras desde el centro político se le pide a los alcaldes planificación democrática y participación ciudadana para tomar las decisiones locales, la descentralización no premia esos aspectos con fondos fiscales, es decir, un alcalde tenga o no Pladeco, cuente o no con Cesco, igual consigue recursos gracias a "sus contactos". En mi concepto, a esta "hipocresía" se seguirán enfrentando los ciudadanos del Ranco y la mayoría de las comunas del país, ya que en la actualidad no hay premios de parte del nivel central o regional, para aquellos municipios y alcaldes que, por ejemplo, tienen actualizado su Pladeco y lo hicieron con amplia participación ciudadana. Tampoco existe voluntad política en los niveles regionales por hacer vinculante la existencia del Cesco, con asignación de recursos fiscales. En definitiva, no se observa capacidad de innovar, de imaginar nuevas cosas, sólo se espera que "la ley lo diga", que el "centro lo ordene". Mientras tanto, se siguen empoderando caciques y no ciudadanos, se siguen haciendo pequeñas reformas que, en definitiva, es la misma torta pero con otro olor.
LA OPERACIÓN DE PIÑERA
Literalmente Sebastián Piñera se operó los ojos y entró a la moneda. Luego de su operación, la primera actividad política y pública que realizó fue ingresar en cuerpo y alma, con un discurso claro y conciliador, al mismísimo palacio de gobierno. Pareciera ser que de un momento a otro la operación le hizo ver con mayor lucidez la mejor estrategia para llegar a la casa de gobierno el 2010: un estilo propositivo y conciliador. La visita de Piñera a la moneda, a simple vista parece inteligente en un contexto de creciente ceguera política imperante en nuestro País. La idea de ver con claridad cuáles son los problemas que hoy le preocupan a Chile y de ver con claridad cuáles son las mejores soluciones para todos, y no para unos pocos, resulta ser uno de los principales desafíos de la clase política pos Pinochet. No es que Piñera se haya transformado en una excepción a la clase política, sino que su acto se puede interpretar de diversas maneras: ¿Qué no ve la concertación y qué no ve la Alianza? Por un lado, desde que se murió Pinochet, la concertación ha estado perdiendo cada vez más la capacidad de anticiparse a los hechos y evitar las sensaciones de inestabilidad, tan comunes en este último año. No están viendo que Chile exige otro “proyecto político”; no están viendo que el proyecto de los 90 se agotó y que es necesario re-inventar la concertación con un discurso integrador, más público y no tan difuso como hasta ahora se percibe. Por otro lado, la Alianza por Chile, entusiasmada y frotándose las manos para entrar a la tan preciada Moneda, no está observando que en Chile no sólo se llega a ella por errores del rival, sino que también se llega con méritos y con proyectos políticos de futuro para alcanzar el tan deseado poder. Tampoco ven que en Chile existe una cultura política del “concilio” y no del conflicto, no obstante, la alianza no se muestra ni conciliadora ni propositiva para llegar a él. En fin, la operación a la “vista” que se hizo Piñera me deja 3 lecciones. Primero, a Piñera le falta otra operación, la operación del “Dinero”. Ese tumor Dinero/Política, es maligno y debería operarse, de lo contrario, no hay Moneda, por lo menos la que él quiere. Segundo, la concertación y la alianza deben operarse urgentemente de miopía política y deben comenzar a pensar “grandes proyectos políticos” y dejar de actuar en función de pachotadas. Tercero, la otra operación que al presidenciable de la Alianza le hace falta es la de construir un Proyecto Político de Futuro, porque hasta aquí sus propuestas sólo han sido coyunturales y de carácter electoralista, no hay propuestas país en sus palabras. Sin proyecto de futuro no será capaz de convocar a su sector, menos convocará a la mayoría de los Chilenos. En fin, lo que la operación de Piñera le debe hacer ver con mayor claridad, es que sin la UDI no hay alianza y “sin alianza no tiene gobierno”. Parte de la concertación, a pesar de su miopía, ha observado con gran lucidez lo anterior; Piñera sin alianza no es rival, quizás por eso, la invitación a la Moneda.
EMPATE TÉCNICO
En Chile tenemos 17 años de dictadura y 17 años de democracia, estamos en lo que en jerga política y futbolística se llama el empate técnico, ante ello cabe una pregunta ¿estamos culturalmente convencidos de que la democracia es la mejor forma de vivir en sociedad?. Lanzo esta pregunta porque quienes legitiman a las diferentes formas de gobierno finalmente son los ciudadanos y las sociedades y no necesariamente los propios gobernantes. La última encuesta de latinobarómetro arrojó que en Chile existe sólo una 46% de ciudadanos que creen que la democracia es la mejor forma de vivir en sociedad, a diferencia del año 2006 donde Chile obtuvo un 56% de adhesión, este año bajamos 10% en simpatía hacia la democracia. No obstante, ese dato no es el más preocupante, ya que el porcentaje de ciudadanos Chilenos que estarían dispuestos a apoyar un gobierno autoritario, siempre y cuando éste le resuelva los problemas que la democracia no ha podido resolver, subió de un 13 % obtenido el año 2006, a un 21% obtenido el año 2007. ¿Qué esta pasando en Chile? Mi tesis es que estamos jugando el tiempo de desempate cultural entre el equipo “cultura dictadura” versus el equipo “democracia real”. Ambos planteles tienen jugadores que se mueven en la cancha con mucha destreza, ambos planteles aparecen de cuando en vez en nuestras discusiones familiares, es cierto que a uno de los equipos se le murió el capitán, más bien el general, pero en la mente de muchas personas (21%) quedó un “virus” que se llama “baja tolerancia a la diferencia”. Es decir, no mucho dialogo y cuando alguien se desordena, la mesa debe golpearse, y con grito, garrote, o con un fusil se resuelve el conflicto. Estamos en el punto de inflexión “cultural” de decidir si ganamos por goleada al imaginario de la dictadura, o seguimos jugando este alargue “cultural” que se prende cada vez que hay un conflicto o paro en nuestro país. ¿Qué podemos hacer para desempatar? Me parece que hay que jugar con 2 estrategias similares pero que tienen diferentes responsables. La primera estrategia que denomino de “calidad política”, tiene relación con la calidad de los gobernantes, es decir, con la calidad de los jugadores que como ciudadanos elegimos en comunas, distritos, circunscripción, para que jueguen el partido por nosotros. Ante la “mala calidad de los jugadores” que elegimos, tenemos que ejercer el deber republicano de “controlar” la acción y las decisiones de los gobernantes, no dejar pasar los errores, por mas pequeños que sean, renovar cuando haya que cambiar y mantener aquellos buenos jugadores que lo hacen bien. Por ningún motivo se encariñe con un actor político, ese es el primer pecado capital de la corrupción, ya que con cariño todo se perdona. La segunda estrategia es “Métase a la cancha”, entre al campo de juego y le encontrará el sabor a la democracia, es decir, participe en las decisiones públicas, exija buenas decisiones, exija participar, está en su derecho, no se quede observando como otros hacen las cosas por usted. Finalmente creo que, a diferencia de los optimistas autoritarios, Chile ya decidió vivir en democracia, lo importante de ello es que las reivindicaciones se hagan en el marco de las reglas del juego democrático, o sea, mediante diálogos y acuerdos.